Perú sigue en suspenso con cerca del 75% de votos contabilizados

Por Daniel Zovatto, director y editor de Radar Latam 360

La elección en Perú continúa envuelta en incertidumbre con cerca del 75% de los votos contabilizados por la ONPE.

A las 11:00 a.m. de Lima, la página web oficial reporta los siguientes resultados para el primer y segundo lugar:

Porcentaje de actas: 75%
Keiko Fujimori: 16.8%
Rafael López Aliaga: 12.7%

Sin embargo, estos datos deben interpretarse con cautela: aún resta por procesar aproximadamente un 25% de las actas, y el segundo lugar —hoy en manos de López Aliaga— podría modificarse en favor de otro candidato, siendo el más probable Roberto Sánchez.

Tal como anticipamos en análisis previos, el nivel de incertidumbre era previsible y podría extenderse durante varios días. Los antecedentes refuerzan esta lectura: en 2016, la ONPE tardó diez días en completar el cómputo de la primera vuelta, mientras que en 2021 transcurrieron cinco días antes de que se confirmara la elección de Pedro Castillo como presidente.

El escenario que más inquieta a ciertos inversores es precisamente el avance de Roberto Sánchez, un candidato de izquierda vinculado al encarcelado expresidente Castillo, cuya votación continúa creciendo con cada actualización del escrutinio. En efecto, el conteo oficial —que avanza con lentitud tras una jornada electoral marcada por fallas logísticas que obligaron a extender la votación hasta ayer lunes en 13 centros de Lima— configura un escenario de máxima tensión e incertidumbre.

Lo único claro, por ahora, es doble: primero, que será necesario un balotaje el próximo 7 de junio para definir al próximo presidente; y segundo, que quien resulte electo no contará con mayoría propia en el nuevo Congreso bicameral.

Resultados oficiales preliminares

Keiko Fujimori (derecha) lidera con 16.8% de los votos, y todo indica que tiene asegurado su pase a la segunda vuelta.

En contraste, el segundo lugar permanece abierto y es disputado por dos candidaturas ideológicamente opuestas: Rafael López Aliaga, de derecha conservadora, y Roberto Sánchez, de izquierda. Actualmente, en los datos de la ONPE, López Aliaga ocupa el segundo lugar, mientras Sánchez figura rezagado en cuarta posición; sin embargo, a medida que se incorpore un mayor caudal de los votos del interior —tradicionalmente más tardíos—, es altamente probable que Sánchez acorte distancias —como ya lo viene haciendo en las últimas horas— y entre de lleno en la disputa por el balotaje.

Datos difundidos por medios peruanos como El Comercio y otras fuentes locales confirman que Sánchez —asociado políticamente al legado de Castillo— forma parte del pelotón competitivo con opciones reales de avanzar a la segunda vuelta. Este patrón responde a una dinámica recurrente del sistema electoral peruano, donde el voto rural y el escrutinio tardío tienden a alterar las tendencias iniciales. El resultado es un incremento sustantivo de la incertidumbre, que explica la cautela —y en algunos casos la inquietud— de los mercados ante la posibilidad de un giro hacia políticas económicas menos ortodoxas.

El contexto de fondo agrava aún más la preocupación. Perú llega a esta elección tras años de inestabilidad política —con ocho presidentes en menos de una década—, en un clima de creciente desafección ciudadana, deterioro de la seguridad ciudadana y tensiones institucionales persistentes. Más que una elección convencional, el proceso actual se perfila como un nuevo episodio de volatilidad política, donde cada actualización del conteo no solo redefine la competencia electoral, sino también las expectativas económicas y la gobernabilidad futura del país.

No puede descartarse, además, que una diferencia estrecha en la definición del segundo lugar derive en una intensa judicialización del proceso, tal como advertimos en nuestro análisis del domingo. Ya cargos candidatos vienen denunciado fraude de de la misma noche del domingo; denuncias que añaden una capa adicional de incertidumbre y complejidad electoral e institucional.

En paralelo, los incidentes registrados durante la jornada han erosionado la credibilidad del proceso y afectado negativamente la confianza en la ONPE. Los graves problemas logísticos tuvieron consecuencias inmediatas: el Jurado Nacional de Elecciones presentó una denuncia penal contra el jefe de la ONPE, Piero Corvetto, por presuntos delitos que incluyen atentado contra el derecho de sufragio, demora de actos funcionales y obstaculización del desarrollo del proceso electoral. La denuncia alcanza también a otros funcionarios y al representante legal de la empresa encargada de la distribución del material electoral, que no llegó oportunamente.

En síntesis: el pase de Keiko Fujimori a la segunda vuelta aparece prácticamente asegurado; no así la identidad de su contendiente. La disputa por el segundo lugar pareciera concentrase ñ entre Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez. Si la diferencia final resulta mínima —como anticipan algunos analistas—, no puede descartarse una judicialización que prolongue aún más la definición y sume mayor tensión.

Tampoco existe claridad sobre el futuro del jefe de la ONPE: persiste la incertidumbre acerca de si, pese a las denuncias, continuará al frente del organismo y tendrá a su cargo la organización del balotaje, o si será reemplazado antes de esa instancia. Tampoco hay claridad respecto de esta última posibilidad: cuando, bajo qué procedimientos legales, conveniencia versus inconveniencia, etc.

El cuadro general es inequívoco: máxima incertidumbre, elevada complejidad y una tensión política en aumento. Perú sigue en suspenso …