El arranque de la Copa del Mundo de la FIFA 2026 en territorio mexicano ha traído de vuelta un fantasma del pasado que las autoridades del fútbol esperaban haber erradicado. Durante el encuentro de la jornada 1 de la Fase de Grupos entre Suecia y Túnez, disputado en el Estadio Monterrey, sectores de la tribuna volvieron a emitir la polémica expresión prohibida. Este lamentable suceso desafía de forma directa las estrictas campañas de inclusión de la FIFA y enciende las alertas sobre el futuro de los partidos en territorio azteca. Ante este panorama, surge una interrogante crucial para la afición y los organizadores: ¿qué pasa realmente si este comportamiento se repite en los encuentros del torneo? El estricto protocolo de tres fases de la FIFA La máxima entidad del fútbol mundial cuenta con un reglamento claro y contundente para combatir las expresiones discriminatorias dentro de las tribunas. Si el grito homofóbico vuelve a manifestarse, los árbitros están facultados para activar un protocolo punitivo estructurado en tres niveles consecutivos: – Detención del partido: Al escucharse la expresión, el árbitro central detiene el juego de inmediato. El sonido local interviene con un aviso formal exigiendo el cese de la conducta. – Suspensión temporal: Si la afición reincide, el silbante interrumpe las acciones y ordena el retiro de ambos equipos a los vestidores. Se emite una advertencia severa por los altavoces del recinto. – Suspensión definitiva: Si los incidentes continúan tras reanudarse el juego, el partido se cancela de forma definitiva. Esto conlleva la pérdida inmediata de puntos para el equipo responsable e incluso la descalificación directa de la competencia. ¿Qué ocurrió en el Estadio Monterrey? Pese a la claridad del reglamento, el debut del Grupo F quedó marcado por la inacción arbitral. Aunque el polémico cántico resonó con fuerza en la segunda mitad del enfrentamiento entre suecos y tunecinos, el cuerpo arbitral decidió no aplicar ninguna de las fases contempladas en el protocolo de la entidad rectora. Esta falta de acción ha generado debate, pues el uso de dispositivos de vigilancia avanzada y las advertencias previas prometían cero tolerancia. La impunidad observada en este primer partido podría sentar un peligroso precedente para los próximos duelos de la Selección Mexicana, donde la presión y el fervor de la afición local suelen ser significativamente mayores. Impacto deportivo y reputacional para México El riesgo de persistir con esta conducta no se limita al desalojo de las tribunas o a sanciones económicas. En el peor de los escenarios, la Selección Mexicana podría ver comprometida su continuidad en su propio Mundial por culpa de su hinchada. La pérdida de puntos en la Fase de Grupos significaría una eliminación prematura histórica, manchando la reputación de México como coanfitrión del evento deportivo más importante del planeta. Erradicar esta expresión ya no es solo una cuestión de civismo, sino una necesidad urgente para proteger el destino deportivo del balompié nacional. 21389042 21389042