El Mundial 2026 vivió una noche histórica en Monterrey y Japón se encargó de convertirla en una fiesta completa. En el partido número 1000 en la historia de las Copas del Mundo , los Samuráis Blues no sólo golearon 4-0 a Túnez en el Estadio Monterrey, también se adueñaron de la tribuna, del ambiente y del ritmo de un Gigante de Acero pintado con los colores del Sol Naciente. La cita tenía etiqueta especial desde antes del silbatazo inicial. En las gradas se reunieron 51 mil 243 aficionados, con una marcada invasión japonesa: cerca del 80 por ciento del público era nipón o apoyaba abiertamente a Japón. En los palcos también estuvieron el presidente de la FIFA, Gianni Infantino; la Princesa Hisako de Takamado, y el gobernador de Nuevo León, Samuel García. La fiesta no tardó en trasladarse al marcador. Apenas al minuto 3, en una descolgada por izquierda y una diagonal letal al área, Daichi Kamada apareció para firmar el 1-0 y desatar el primer estallido de una afición que alcanzó hasta 140 decibeles. El grito de “¡Ganbare Nippon!” comenzó a retumbar desde el minuto 7, como una declaración de intenciones: Japón estaba en casa. Túnez intentó responder, pero fue borrado antes de la pausa de hidratación. Japón manejó el balón, aceleró cuando encontró espacios y convirtió cada recuperación en amenaza. Kamada volvió a aparecer como el hombre más peligroso y al 9’, tras una descolgada de Ayase Ueda, estuvo cerca del doblete, aunque Dylan Bronn evitó el segundo tanto. En la tribuna tampoco hubo competencia. “¡Nipón, Nipón!”, “ole, ole” y nuevamente el “Ganbare Nippon” marcaron el sonido del partido. Cuando los tunecinos intentaron levantar su clásico “Olé, olé, Túnez”, fueron opacados por el mismo cántico lanzado desde la marea japonesa. El dominio se confirmó al minuto 31. Ayase Ueda, delantero del Feyenoord y excompañero de Santiago Giménez, apareció dentro del área para marcar el 2-0 y hacer vibrar a una fanaticada que no dejó de brincar. Con apenas tres tiros a portería en el primer tiempo y dos goles, Japón mostró una contundencia brutal. La pausa de hidratación dejó una de las imágenes más curiosas de la noche. Japoneses, tunecinos y mexicanos se unieron para cantar “Y yo sigo siendo el Rey”, en una mezcla de culturas que reflejó el espíritu mundialista de Monterrey. Después llegaron la ola, el “Cielito Lindo” y otra ronda de cánticos japoneses, mientras Túnez seguía sin respuestas. Al 69’, Japón liquidó cualquier esperanza africana. Junya Ito apareció antes de la pausa de hidratación y firmó el 3-0 que prácticamente sentenció el partido y dejó a Túnez al borde de la eliminación, luego de haber sido goleado también en su duelo previo ante Suecia. Pero faltaba el cierre perfecto. Al 85’, Ueda volvió a elevarse en el área y con un certero remate de cabeza puso el 4-0 definitivo. El delantero japonés salió de cambio entre aplausos, ovacionado por una tribuna que se rindió ante el excompañero de Santi Giménez y que encontró en él a uno de los protagonistas de la noche. Japón no sólo ganó: mandó un mensaje fuerte dentro del Grupo F, donde compite por superar a Países Bajos en la cima. Lo hizo con autoridad futbolística, letalidad ofensiva y una afición que convirtió a Monterrey en una sucursal de Tokio. El juego 1000 de los Mundiales no pudo tener mejor postal: los Samuráis Blues golearon, cantaron, invadieron el Estadio Monterrey y dejaron claro que su sueño en la Copa del Mundo 2026 va más allá de la fase de grupos. 21537584