Olivia Maurel, de 34 años, está convencida de que la subrogación materna tiene efectos en la salud emocional y mental de quienes nacen a través de esa práctica en la que una mujer acepta gestar el hijo de otra persona.
“Simplemente lo sabes; todo tu cuerpo te dice que algo anda mal”, comenta en entrevista con Latinus durante un foro sobre esta temática realizado en la Ciudad de México.
Olivia Maurel es la portavoz de la Declaración de Casablanca, una iniciativa de expertos de 75 países que busca abolir la subrogación materna. Ella nació en Louisville, Kentucky, y fue gestada por una mujer estadounidense y sus padres de crianza la llevaron a Francia. A los seis años, señala, tuvo la sensación de una desconexión muy profunda con su madre de crianza.
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“Sabía que había esta desconexión emocional con mi mamá que me estaba criando y no nos parecíamos, así que, tuve preguntas desde el inicio”, explica.
Maurel asegura que cuando era más joven comenzó a indagar sobre sus orígenes y al buscar en internet sobre Kentucky y agencias de adopción, el buscador le arrojó resultados sobre subrogación de vientre.
“Al final de la noche pensé: ‘ok, así es como nací’. Simplemente lo sabía en mi interior. Tenía 17 años. Después de eso, se lo conté a todo el mundo, menos a mis padres porque temía su reacción, que había nacido mediante gestación subrogada. Como hijos nacidos por gestación subrogada, tenemos un enorme conflicto de lealtad hacia nuestros padres, porque tenemos la impresión de que les debemos la vida”, comenta con la mirada fija de sus enormes ojos azules.
Maurel expone que en su infancia tenía un profundo miedo al abandono, tenía amigas a las que llegó a perder porque ella era demasiado apegada, posesiva y controladora. Lo mismo le pasó con sus primeros novios. En su juventud cayó en las drogas y el alcoholismo y tocó fondo cuando sufrió una violación.
Hoy está casada y es madre de tres hijos, pero hace unos años, su suegra, quien sabía de sus problemas de identidad, le regaló una prueba de ADN con la cual obtuvo lo que considera que es la prueba de que había nacido mediante subrogación materna.
Maurel no ha podido contactar a su madre gestante en persona, sólo pudo escribirse con ella a través de Facebook, pero le dio las respuestas que necesitaba.
“Decidió convertirse en madre de alquiler porque necesitaba dinero y no encontraba trabajo; además, estaba atravesando un duelo y se sentía muy infeliz, triste y deprimida. Optó por la gestación subrogada porque le ofrecía una salida fácil para ganar dinero, siendo la única forma de obtener ingresos sin dejar de estar en casa con sus otros cuatro hijos. Tuvo una vida muy difícil y, con el paso de los años, también dejó de hablarse con mis otros hermanos”, relata.
Maurel afirma que en los medios sólo conocemos un rostro sobre la subrogación materna, la de los padres felices sosteniendo un bebé o la pareja que por fin logra tener una familia, pero la misión de ella es mostrar la historia del bebé y los problemas de salud mental y emocional que atribuye a la separación al nacer de su madre gestante.
“Estamos separando a los recién nacidos de sus madres. No lo hacemos con los gatitos, no lo hacemos con los cachorros, no lo hacemos con los animales, porque sabemos que eso les causa daño. Conocemos los problemas psicológicos que esto provoca en ellos, pero lo hacemos con los niños”, reclama.
México es un país fértil para la presencia de agencias de subrogación materna que involucran servicios de viaje, hospedaje por plataformas, clínicas de reproducción asistida y mujeres empobrecidas dispuestas a gestar un bebé a cambio de dinero.
Tabasco y Sinaloa permiten expresamente la subrogación materna, mientras que Coahuila, San Luis Potosí y Querétaro tienen una prohibición expresa.