“Me dice: ‘Yo te acompaño, papi’. Y nos vamos juntos. Mis niñas también me acompañan algunas veces. Todo se da de manera natural porque les gusta estar ahí. Además, es un ambiente muy familiar”, relata. La misma filosofía la aplica durante sus entrenamientos y competencias. Siempre que es posible, busca integrar a su familia, compartir con ellos las mañanas deportivas y convertirlas en tiempo de convivencia. Hace unos días compartió una fotografía corriendo junto a Óscar, una imagen que refleja una tradición que comenzó mucho antes de que él fuera padre. “Mi papá me inculcó esto cuando tenía como 13 años. Me enseñó a ir a correr y gracias a Dios se me quedó. Aquí seguimos y eso mismo quiero transmitirles a mis tres hijos, que siempre practiquen ejercicio”, cuenta. Para Ariel, más allá de pensar en futuros atletas de alto rendimiento, el principal objetivo es otro: la salud. “Lo más importante es que hagan actividad física por salud. Si el día de mañana quieren dedicarse al alto rendimiento, será decisión de ellos, pero primero que lo hagan porque les gusta y porque es algo saludable”, explica. En una época marcada por el sedentarismo y las horas frente a las pantallas, considera que los padres tienen una responsabilidad fundamental. Los niños, afirma, aprenden observando. “Son como esponjitas, absorben todo, tanto lo bueno como lo malo. Por eso es importante inculcarles desde pequeños el ejercicio”, señala. Su experiencia en el atletismo también le ha dejado aprendizajes que busca trasladar a la vida cotidiana de sus hijos. La disciplina de levantarse temprano para entrenar, el compromiso con una competencia y la constancia que exige un deporte de fondo son valores que, considera, trascienden las pistas. “Quiero que tengan disciplina, compromiso y buenos hábitos. Eso no solo sirve para el deporte. También te ayuda en la escuela, en el trabajo, en tu vida diaria. Si aprendes a ser disciplinado, llegas temprano, cumples con tus responsabilidades y formas un mejor futuro”, comenta. Aunque la imagen con Óscar despertó muchas reacciones, Ariel aclara que no existe una presión para que sus hijos sigan sus pasos. La convivencia con ellos surge de manera natural. Cada domingo, cuando se prepara para asistir a una carrera, el pequeño de la familia suele ser el primero en levantar la mano. “Me dice: ‘Yo te acompaño, papi’. Y nos vamos juntos. Mis niñas también me acompañan algunas veces. Todo se da de manera natural porque les gusta estar ahí. Además, es un ambiente muy familiar”, relata. La misma filosofía la aplica durante sus entrenamientos y competencias. Siempre que es posible, busca integrar a su familia, compartir con ellos las mañanas deportivas y convertirlas en tiempo de convivencia. Para Ariel, el ejercicio también representa una herramienta para enfrentar las dificultades emocionales. “Practicar algún deporte siempre será algo positivo. Si tienes estrés o algún problema, la mejor medicina es ir a hacer actividad física”, afirma. En este Día del Padre, su mensaje para otras familias es sencillo: escuchar a los hijos y acompañarlos en aquello que les apasiona. “No importa cuál deporte elijan. Lo importante es acercarlos, apoyarlos y estar con ellos. Mientras sea algo sano, los niños y jóvenes deben sentir siempre el respaldo de sus padres”. Después de miles de kilómetros recorridos, Edgar Ariel Quintero sabe que las victorias más valiosas no siempre se miden en tiempos ni en trofeos. Algunas comienzan con un padre que sale a correr y un pequeño que, con entusiasmo, responde: “Yo te acompaño, papi”. Porque, al final, los hábitos también se heredan y el ejemplo suele ser el primer paso de cualquier gran carrera. 21537584