El dominio emocional era coreano. Los cánticos no se apagaban, el “ole, ole” apareció cuando los asiáticos movían el balón de un lado a otro y el estadio parecía preparado para celebrar una noche de Corea. Sin embargo, la realidad futbolística empezó a cambiar. Sudáfrica encontró espacios y tuvo la ocasión más clara del primer tiempo cuando Evidence Makgopa quedó mano a mano frente a Kim Seung-gyu, pero Kim Min-jae apareció con una barrida salvadora para evitar el disparo. La pausa de hidratación regaló una postal mexicana: coreanos, sudafricanos y aficionados locales se unieron para cantar “Cielito Lindo”. Era fiesta en la tribuna, aunque en la cancha el gol seguía sin llegar. Al minuto 30, Thalente Mbatha encabezó una descolgada y probó al arquero coreano, quien respondió con una gran atajada; en el contrarremate, Makgopa volvió a encontrarse con Kim Seung-gyu, que reaccionó como felino para mantener el cero. Thapelo Maseko también rozó el gol tras escaparse de los centrales coreanos. Para entonces, el contraste era evidente: mientras la tribuna estaba con Corea, Sudáfrica era el equipo con mayor claridad. Aun así, el primer tiempo terminó 0-0, el primer empate sin goles al descanso en los tres partidos disputados hasta ahora en Monterrey, después del 2-0 de Japón y el 2-1 de Suecia ante Túnez en los juegos anteriores. El silbatazo del descanso llegó acompañado de un abucheo ensordecedor por la falta de contundencia. El ambiente fue mundialista desde el arranque. Apenas a los cinco minutos, la ola comenzó a recorrer las gradas del Estadio Monterrey, reflejo de la fiesta que se vivía en la tribuna, aunque el campo tardó más en responder con emociones. Corea avisó primero al minuto y medio, cuando su ataque inquietó el arco defendido por Ronwen Williams. Más tarde, tras una serie de rebotes y una jugada colectiva, Kang Lee sacó un disparo desde fuera del área que pasó rozando la portería sudafricana. El dominio emocional era coreano. Los cánticos no se apagaban, el “ole, ole” apareció cuando los asiáticos movían el balón de un lado a otro y el estadio parecía preparado para celebrar una noche de Corea. Sin embargo, la realidad futbolística empezó a cambiar. Sudáfrica encontró espacios y tuvo la ocasión más clara del primer tiempo cuando Evidence Makgopa quedó mano a mano frente a Kim Seung-gyu, pero Kim Min-jae apareció con una barrida salvadora para evitar el disparo. La pausa de hidratación regaló una postal mexicana: coreanos, sudafricanos y aficionados locales se unieron para cantar “Cielito Lindo”. Era fiesta en la tribuna, aunque en la cancha el gol seguía sin llegar. Al minuto 30, Thalente Mbatha encabezó una descolgada y probó al arquero coreano, quien respondió con una gran atajada; en el contrarremate, Makgopa volvió a encontrarse con Kim Seung-gyu, que reaccionó como felino para mantener el cero. Thapelo Maseko también rozó el gol tras escaparse de los centrales coreanos. Para entonces, el contraste era evidente: mientras la tribuna estaba con Corea, Sudáfrica era el equipo con mayor claridad. Aun así, el primer tiempo terminó 0-0, el primer empate sin goles al descanso en los tres partidos disputados hasta ahora en Monterrey, después del 2-0 de Japón y el 2-1 de Suecia ante Túnez en los juegos anteriores. El silbatazo del descanso llegó acompañado de un abucheo ensordecedor por la falta de contundencia. En el complemento apareció el nombre que todos pedían: Heung-min Son. Tras casi una hora en la banca, el ídolo coreano ingresó al campo y despertó la ilusión asiática. Pero el Estadio Monterrey ya vivía otra historia paralela. La afición estalló cuando en las pantallas se confirmó que México marcaba los goles con los que vencía a República Checa al minuto 63. La fiesta dejó de ser coreana y se transformó en mexicana. Entonces Sudáfrica golpeó. Después de una diagonal matona, Maseko conectó de pierna izquierda y mandó la pelota al fondo para desatar la celebración africana. Los Bafana Bafana mataron una fiesta que primero fue coreana, luego azteca y finalmente sudafricana. Corea intentó reaccionar. En los últimos minutos, el grito de “Vamos Corea, esta noche tenemos que ganar” buscó revivir a un equipo que trataba de impedir la hazaña africana. Son tuvo la más clara con un cabezazo que terminó en las manos de Williams, devolviéndole el alma a Sudáfrica. El silbatazo final confirmó lo histórico: después de 16 años de ausencia mundialista y tres participaciones previas, Francia 1998, Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010, los Bafana Bafana avanzaron por primera vez a la siguiente fase de una Copa del Mundo. Monterrey fue testigo de una noche inolvidable para un país que llegó con esperanza y se fue con historia. 21664841