También desde Monterrey llegó una de las historias más pintorescas de la tarde. Un aficionado contó que tuvo que “sobornar” a su esposa para obtener permiso, porque ya había asistido a la inauguración y a todos los partidos mundialistas disputados en la Sultana del Norte. Sólo tenía margen para un juego más fuera de casa. Pudo elegir los Dieciseisavos de Final, pero decidió apostar por los Octavos. Compró los boletos convencido de que México iba a clasificar y de que ese partido debía vivirse en el Estadio CDMX. Su cálculo sentimental salió perfecto: sacrificó permisos, negoció en casa y terminó formando parte de una cita que muchos soñaron desde que se confirmó que el Mundial volvería a México. No todos tuvieron historias tan dramáticas, pero casi todos compartieron una palabra: preparación. Una familia contó que comenzó desde septiembre, cuando se abrió el proceso de lotería de FIFA. Estuvieron atentos, pidieron boletos y esperaron hasta ser seleccionados. Para ellos, llegar al estadio empezó meses antes, frente a una pantalla. Una joven del Estado de México llevó esa frase al límite. Trabaja en un call center y consiguió sus boletos mediante el sorteo oficial de FIFA. Cuando pidió permiso para asistir, la respuesta fue negativa. Entonces tomó una decisión radical: renunció el viernes. Para ella, perder el empleo era menos doloroso que perder la oportunidad de vivir un partido mundialista de eliminación directa en casa, frente a Inglaterra y en un estadio convertido en punto de reunión para todo un país. Otra aficionada también desafió su rutina laboral. Este domingo debía presentarse a trabajar y, además, le tocaba doblar turno. En lugar de resignarse, decidió reportarse enferma de diarrea para poder llegar al Estadio CDMX. Entre la culpa, el humor y la emoción, asumió el riesgo con tal de estar ahí, rodeada de camisetas verdes, banderas, familias enteras y miles de voces que hicieron del acceso al inmueble una celebración anticipada. Desde Nueva York, un mexicano viajó con una motivación mucho más profunda que el futbol. Dijo que el traslado implicó “un poco de sacrificio”, pero no dudó porque quería reencontrarse con su país, con su selección y con su gente. “Quiero a mi país, quiero a mi selección y quiero todo México”, expresó antes de entrar al estadio. Su historia cargaba un peso especial. Contó que lleva 35 años viviendo en Nueva York y que, a su edad, esta podría ser la última gran experiencia que le toque vivir. No habló del viaje como un gasto, sino como una despedida posible, una oportunidad de abrazar de nuevo a México desde una tribuna mundialista y llevarse un recuerdo imposible de comprar después. También desde Monterrey llegó una de las historias más pintorescas de la tarde. Un aficionado contó que tuvo que “sobornar” a su esposa para obtener permiso, porque ya había asistido a la inauguración y a todos los partidos mundialistas disputados en la Sultana del Norte. Sólo tenía margen para un juego más fuera de casa. Pudo elegir los Dieciseisavos de Final, pero decidió apostar por los Octavos. Compró los boletos convencido de que México iba a clasificar y de que ese partido debía vivirse en el Estadio CDMX. Su cálculo sentimental salió perfecto: sacrificó permisos, negoció en casa y terminó formando parte de una cita que muchos soñaron desde que se confirmó que el Mundial volvería a México. No todos tuvieron historias tan dramáticas, pero casi todos compartieron una palabra: preparación. Una familia contó que comenzó desde septiembre, cuando se abrió el proceso de lotería de FIFA. Estuvieron atentos, pidieron boletos y esperaron hasta ser seleccionados. Para ellos, llegar al estadio empezó meses antes, frente a una pantalla. Otros aficionados viajaron desde Tepic, Nayarit, después de comprar sus entradas con tarjeta de crédito y dejar que “el futuro” se encargara del resto. También hubo quienes ahorraron durante un año y medio junto a sus padres, esperando en filas virtuales y buscando cualquier oportunidad disponible en la plataforma oficial. Una pareja reveló que comenzó a guardar dinero desde la Final del Mundial de Catar 2022. Desde entonces se prometieron estar en México 2026 y cumplieron. Otros, más directos, resumieron el esfuerzo en trabajar mucho, tomar parte del sueldo y aceptar que el gasto valía la pena porque no todos los días se ve a la Selección Mexicana jugar una eliminatoria mundialista en casa. Alrededor del Estadio CDMX, cada historia parecía distinta, pero todas apuntaban al mismo lugar. Hubo quienes renunciaron, quienes mintieron, quienes viajaron miles de kilómetros, quienes negociaron con la familia y quienes ahorraron durante años. Antes del silbatazo inicial, las gradas ya estaban llenas de pequeñas victorias personales. Porque para estos aficionados, México vs Inglaterra no sólo fue un partido de Octavos de Final. Fue una razón para romper la rutina, cruzar fronteras, desafiar al reloj y convertir un boleto en una memoria para toda la vida. 21925590