La triste historia de “El Chino”: lleva años encadenado bajo un mezquite por su propia madre en Ahome

Bajo la sombra de un viejo mezquite, a la orilla de un ejido del municipio de Ahome, un hombre de 41 años pasa los días y las noches sujeto por una cadena a un árbol. No está ahí por un delito ni por una orden judicial.

Es su propia madre quien lo mantiene atado desde un pie para evitar que se haga daño o agreda a otras personas durante los episodios que le provoca una enfermedad mental.

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La lucha de una madre por su hijo

Entre la pobreza y la falta de atención especializada, la mujer asegura que ya no encontró otra alternativa y hoy hace un llamado urgente a las autoridades para que ayuden a su hijo, quien sufre de esquizofrenia y que permanece atado día y noche.

Se trata de Pedro Iván Navarro García, conocido entre los vecinos como “El Chino”, de 41 años de edad. De acuerdo con su madre, desde hace aproximadamente 20 años padece esquizofrenia, un trastorno mental que le provoca crisis y episodios de violencia.

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Con el paso del tiempo, la enfermedad se agravó y la madre asegura que ha sido imposible brindarle la atención médica especializada que necesita.

Pedro Iván permanece en un domicilio del ejido Poblado 5, perteneciente a la sindicatura Villa Gustavo Díaz Ordaz, El Carrizo, en el municipio de Ahome.

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El lugar se ubica a un costado de las gradas del estadio de béisbol, en la zona conocida como El Descanso, donde el hombre permanece a la intemperie bajo un mezquite, sujeto por una cadena.

Su madre, Trinidad García Valenzuela, explicó que desde hace casi tres años, vendió sus tierras y se mudó a vivir a ese ejido; lo mantiene encadenado, una medida que también tuvo que adoptar cuando estaban en la sindicatura de Higuera de Zaragoza.

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Asegura que fue una decisión dolorosa, pero necesaria para protegerlo y proteger a quienes viven cerca.

Al ser cuestionada sobre las condiciones en las que vive su hijo, respondió entre lágrimas pero segura que es lo mejor.

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“¿Y qué quiere que haga?, ¿que me lo maten? Prefiero verlo ahí que ser una madre que ya no lo tenga. Los vecinos no saben lo que estamos sufriendo con él. Él se jala, rompe las cobijas, rompe la ropa, la cama, los abanicos; ni un plato puede tener.”

La búsqueda de atención médica

La mujer asegura que durante años ha solicitado ayuda a distintas autoridades municipales, estatales y federales, pero hasta ahora no ha encontrado una solución. Explicó que en varias ocasiones su hijo ha sido llevado a centros de rehabilitación; sin embargo, considera que esos lugares no son adecuados para una persona con un trastorno psiquiátrico severo.

Si a mí me ayudan con él para un centro, es un grave error, porque él no es para un centro; es para una clínica mental y, desafortunadamente, es muy costoso para una persona como nosotros.

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“Si yo tuviera diez hectáreas, las vendería y me lo llevaría a una clínica, porque yo sé que ahí me lo recuperan, pero con dinero”.

Trinidad relató que cuenta con medicamento para controlar la enfermedad de su hijo, pero asegura que muchas veces él evita tomarlo o incluso lo vomita, lo que complica todavía más su condición.

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Ellos se lavan las manos; dicen que lo van a llevar a un centro, pero ahí me lo van a golpear, no le van a dar comida, lo van a marginar y no lo van a tratar bien si no paga.

Yo no tengodinero para pagar 700 u 800 pesos a la semana. ¿De dónde?”.

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La mujer asegura que, en distintas ocasiones, vecinos han reportado las condiciones en las que permanece su hijo y las autoridades han acudido al lugar. Sin embargo, dice que hasta ahora ninguna dependencia le ha ofrecido una alternativa que garantice atención psiquiátrica para su hijo.

El caso de Pedro Iván puso sobre la mesa la realidad que enfrentan muchas familias con personas que padecen enfermedades mentales graves y que son de bajos recursos.

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La mujer clama por una respuesta institucional, y mientras “El Chino” continúa viviendo bajo un mezquite, encadenado por decisión de la persona que más lo quiere; una historia que ha llamado la atención en redes sociales por la enfermedad del joven, la pobreza en la que viven y la falta de opciones para recibir el tratamiento que necesita.

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