Maestros sin palabras

Por: Leonardo Ferrera

Cada criatura
encierra
una lección;
quien aprende
a observarla
descubre,
en su esencia,
un reflejo
de sí mismo.

Una hormiga
puede hablarnos
de la constancia;
en su andar
silencioso
nos sugiere
que ningún paso
es pequeño
cuando se camina
con propósito.

Una abeja
nos inspira
a comprender
la fuerza
de la comunidad;
en su labor
incansable
nos revela
que, cuando
el esfuerzo
individual se une
a un propósito
común,
nace la dulzura.

Un pájaro
nos invita
a la libertad;
en su vuelo
nos muestra
que elevarnos
no siempre
significa
alejarnos,

sino aprender
a contemplar
el misterio
del mundo
desde otra
perspectiva.

Un perro
nos habla
del valor
de la fidelidad;
con su manera
de estar
nos hace
comprender
que, a veces,
amar consiste
simplemente
en permanecer.

Un delfín
nos contagia
alegría;
con su sabiduría
nos hace sentir
que la profundidad
de la existencia
puede convivir
con el alborozo
de sus olas.

Una mariposa
nos inspira
a contemplar
la magia
de la transformación
y, al desplegar
sus alas,
nos recuerda
que los despertares
más hermosos
suelen gestarse
en el silencio
de aquello
que parece oscuro.

Quizá
los grandes libros
no sean los únicos
que guardan
sabiduría;
también
la encontramos
en la naturaleza,
en todo aquello
que camina,
vuela, nada
y se transforma,

mientras la vida
escribe ante
nuestros ojos
sus propias
enseñanzas.

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