Más inflación, menos crecimiento y caída del empleo: el golpe a la economía de la guerra de Trump
El Banco de España y resto de analistas prevén un impacto menor sobre la actividad nacional. En el entorno europeo podrían subir los precios casi medio punto

De las palabras, amagos, prórrogas, requiebros y órdenes ejecutivas de Donald Trump a los números de la macroeconomía: el impacto de la guerra comercial podría arañar entre 0,4 y 0,8 puntos el crecimiento mundial este año, engordar medio punto la inflación mundial (cuatro décimas en la UE) y fulminar más de 300.000 empleos a tiempo completo en las economías desarrolladas. Con la nueva batería de aranceles anunciada este miércoles por la Casa Blanca, la presión sobre todos los países se intensificará. La imposición de un gravamen generalizado del 10% a todas las economías, con tasas superiores para aquellos con los EE UU mantiene un mayor déficit comercial, alterará todos los flujos comerciales. En el caso de la UE, la tasa sería del 20%, según lo anunciado este miércoles por Trump, quien acusó al bloque comunitario de haber “estafado” a su país durante décadas. El efecto de la tasa general y de las tasas recíprocas será una contracción de la actividad económica.
Las estimaciones sobre el impacto del golpe arancelario van desde las más optimistas, aportadas por Tax Foundation, que augura un efecto más leve sobre la actividad económica; a las más pesimistas, recabadas por Bloomberg, que pronostica una mayor perturbación. Lo mismo ocurre con el volumen de bienes afectados por la refriega: las consecuencias impactarán a productos por valor de entre 800.000 millones y 1,4 billones de euros. Y todas ellas en un escenario de guerra comercial tal y como se conocía hasta este 2 de abril. Con la nueva andanada de Estados Unidos y la esperada respuesta de sus rivales, se espera que las cifras crezcan.
En terreno europeo, las últimas estimaciones de Citi hablan de que un aumento del 10% en los aranceles estadounidenses podría reducir las exportaciones de la UE entre un 7% y un 17%, aunque el impacto podría ser mayor debido a efectos no lineales. Una tasa universal limitaría la desviación comercial, amortiguando parcialmente el golpe, pero las represalias podrían amplificarlo. En el escenario base, con este tipo de represalias moderadas, el PIB de la eurozona caería 0,3 puntos entre 2025 y 2026.
El Peterson Institute for International Economics (PIIE) va más allá y calcula los impactos por países y años, de forma que destacan curvas llamativas como que en 2025 tanto Francia como el resto de la eurozona (una categoría en la que engloba todos los países de la moneda común excepto Francia, Alemania e Italia) incluso ganarían alguna décima de crecimiento, ya que su modelo económico se beneficia de un euro más fuerte que el dólar. A partir de 2026 todos caerían a plomo (la caída sobre el PIB de la UE oscilaría entre el 0% y 0,4%, hasta un máximo del 0,55% para 2029), incluyendo Estados Unidos, y con Alemania como la que más se resentiría. El caso germano, altamente dependiente del automóvil y de los fuertes aranceles que se esperan, se llevaría la peor parte. El PIB español, por contra, apenas se resentirá un 0,11% en los próximos tres años, incluso con las represalias europeas, según los primeros cálculos hechos por el Banco de España.
“El aumento de la incertidumbre provocado por los constantes cambios y reversiones en la política arancelaria está frenando la economía. Las empresas dudan en invertir cuando las condiciones son inestables, y los consumidores suelen reducir sus compras de bienes duraderos como automóviles, televisores y vacaciones. Por ello, uno de los principales motores de una recesión será el vertiginoso aumento de la incertidumbre. Este factor, por sí solo, podría ser suficiente para llevar a Estados Unidos y posiblemente a Europa a una recesión”, comenta el profesor de Economía de Stanford, Nicholas Bloom.
La guerra comercial también tendrá efecto sobre los precios. “Es probable que incremente la inflación global, más en EE UU que en las economías afectadas por los aranceles. Además, los mercados financieros se verán afectados porque en la mayoría de las economías del G20, los principales índices bursátiles están dominados por multinacionales que dependen del comercio internacional”, explica Adam Posen, presidente del PIIE. Cálculos de este instituto consideran que los precios podrían asolar el bolsillo de estadounidenses y europeos, con un aumento superior a las cinco décimas. En el precio final el impacto sería mayor en Francia porque, en cuanto se depreciaran casi con la misma fuerza euro y dólar respecto a otras monedas, los países más sensibles a esta dinámica lo trasladarían a los precios finales. La mayor paradoja es que el pecado original de esta guerra, el déficit comercial, apenas variará para Washington en cualquiera de los casos previstos.
La falta de una estrategia clara detrás de estas políticas comerciales añade más incertidumbre. “Es difícil identificar una lógica coherente en los aranceles que la administración Trump ha implementado desde su llegada al poder. Las justificaciones han variado desde preocupaciones de seguridad nacional hasta la reducción de déficits comerciales bilaterales o concesiones en áreas de política no relacionadas. Sin embargo, el proteccionismo puro parece ser la constante”, señala Andreas Baur, economista del Instituto de Investigaciones Económicas de Múnich.
Impacto nacional
En España, los efectos se presentan menos nocivos en un principio. La economía nacional podría asumir pérdidas de hasta 4.300 millones de euros en 2025 derivadas de una reducción de casi una cuarta parte sobre las ventas al mercado estadounidense, según estimaciones de la Cámara de Comercio de España. En términos de PIB, supondría un impacto del 0,27% con unos aranceles generalizados del 25%. Incluso en este escenario, que se asume como el peor posible, el impacto se limita al 5% de las exportaciones totales de bienes de la economía nacional, que es el peso que representan las ventas a Estados Unidos sobre el total de envíos al extranjero que realiza el país de sus productos. El Banco de España, que ha hecho cálculos más moderados basados en una subida arancelaria del 10% de forma generalizada, ha cifrado el impacto en el 0,11% del PIB en los próximos tres años, asumiendo ya el efecto de las represalias europeas.
Pese a que el impacto macroeconómico no supone un lastre letal para España, sí habría algunos sectores especialmente afectados. Los fabricantes de maquinaria y material eléctrico, con exportaciones a EE UU por más de 4.000 millones de euros en 2024, encajarían el peor impacto, con una posible caída del 28% en ventas. La industria química y farmacéutica también sufrirían, con descensos proyectados de hasta el 16,5%, mientras que el sector metalúrgico vería reducciones de más del 10% en el hierro, acero y aluminio.
En el sector agroalimentario, la caída estimada alcanzaría el 6%, pero productos clave como el aceite de oliva y el vino podrían revivir el desplome sufrido entre 2019 y 2020, cuando los aranceles de la primera legislatura del republicano hundieron las ventas del oro líquido en el mercado estadounidense en un 70%. El sector vinícola enfrenta una peor amenaza, ante la posibilidad de que se despliegue una tasa del 200%, como ya anticipó Trump hace semanas en represalia a las tarifas europeas al bourbon. La industria automovilística, que ha sido una de las principales preocupaciones de los analistas con la vuelta del republicano a la Casa Blanca, saldría airosa debido a que ha dejado de exportar coches al mercado estadounidense. No obstante, para el resto del mundo esta sería una de las industrias que más sufrirá al encajar las mayores subidas arancelarias desde la Segunda Guerra Mundial, según Oxford Economics.
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