Con la realización en dos ciudades de Canadá, tres de México y 11 de Estados Unidos, y con 40 partidos más por jugar que en torneos anteriores, el mundial de futbol que se llevará a cabo en el verano de 2026 promete ser un festival de gases de efecto invernadero.
La expansión de la Copa Mundial de la FIFA 26 con respecto a las ediciones anteriores se da en todos los sentidos. Por un lado, jugarán 16 equipos más, lo que conducirá a un aumento en el número de partidos de 64 a 104.
Por otro lado, para quien asista a partidos en distintas ciudades, las distancias entre estas pueden ser hasta de 4 mil 800 kilómetros (de CDMX a Vancouver), y si bien las sedes se dividieron en tres Divisiones (Este, Oeste y Central), las distancias dentro de una de estas divisiones puede ser de hasta 2 mil kilómetros.
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De acuerdo con lo que escribe Brian P. McCullough, profesor de Gestión Deportiva en la Universidad de Michigan, en el sitio The Conversation, se proyecta que el torneo genere más de 10 mil millones de dólares en ingresos, lo cual supera los alrededor de 7 mil millones que se calculan para la edición de Qatar, la más rentable hasta ahora.
McCullough también cita un informe de Científicos por la Responsabilidad Global que estima que el Mundial podría generar más de 9 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, lo cual equivale a casi el doble del promedio de las últimas cuatro Copas Mundiales.
Para quienes se preocupan por el medio ambiente, el cambio climático y la sostenibilidad, pero que planean asistir al encuentro deportivo, el experto sugiere algunas prácticas de turismo sostenible, que bien pueden aplicarse a cualquier verano.
Recomendaciones para asistentes
Como los viajes en avión son las principales fuentes de gases de efecto invernadero, McCullough propone que en Estados Unidos, se evite tomar aviones para distancias cortas, “como entre las sedes en Filadelfia, Nueva York y Boston”, y de ser posible compartir el automóvil. Sin embargo, en las sedes de México (Guadalajara, Monterrey y CDMX), es considerablemente más difícil seguir esta recomendación.
También propone que durante la estancia en una ciudad anfitriona, la gente utilice el transporte público, alquile vehículos eléctricos o bicicletas para sus desplazamientos locales; además, que considere alojamientos sostenibles, como alquileres a corto plazo o, donde los haya, los hoteles ecológico certificados.
“Participe en actividades sostenibles antes y después de los partidos, como elegir opciones de alimentos locales y sostenibles, y minimice los residuos”, escribe McCullough.
Por último, el experto ofrece una opción para la gente con más recursos, y remordimientos: pagar para compensar las emisiones de carbono. Aclara que si bien se ha cuestionado el verdadero beneficio ambiental de estas compensaciones, “representan una creciente conciencia de la gente sobre su huella ambiental”.
“En mi opinión, un camino sostenible requerirá un compromiso estratégico, pero genuino, por parte de la industria del deporte y su público, y una voluntad de priorizar la salud planetaria a largo plazo junto con las ganancias económicas” concluye McCullough.