Como todos los días, para estar muy bien informado, Radar Latam 360 comparte las cinco principales noticias de América Latina y tres claves del tablero global para este lunes 13 de abril de 2026.
Sigue al politólogo Daniel Zovatto (@Zovatto55) para más análisis estratégico sobre América Latina y el mundo en tiempo real.
América Latina
1. Perú: Fragmentación extrema y una segunda vuelta aún incierta
Keiko Fujimori encabeza las preferencias en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2026, según el conteo rápido de DDatum con un 16,8% de los votos, seguida por Rafael López Aliaga (12,9%) y Jorge Nieto (11,6%), en un escenario altamente fragmentado que mantiene abierta la disputa por el segundo lugar. Más atrás se ubican Ricardo Belmont (10,1%) y Roberto Sánchez (9,4%), mientras que otros candidatos como Carlos Álvarez y Alfonso López Chau también registran apoyos relevantes, reflejando una marcada dispersión del voto entre 35 aspirantes. Los sondeos a boca de urna coinciden en ubicar a Fujimori como segura participante en la segunda vuelta, aunque con un respaldo relativamente bajo que evidencia la debilidad estructural del sistema político. En este contexto, la candidata de Fuerza Popular agradeció los resultados con un mensaje de “gratitud, humildad y responsabilidad”, en una contienda caracterizada por la incertidumbre y la ausencia de mayorías claras.
La definición del segundo candidato que pasará al balotaje del 7 de junio permanece incierta debido al empate técnico entre varios contendores (4 de ellos) en una elección además marcada por problemas logísticos que obligaron a extender la votación al lunes 13 de abril. 187 mesas no pudieron instalarse adecuadamente en Lima y en 2 consulados el exterior, dejando a más de 52000 electores sin votar el domingo, lo que retrasa aún más la clarificación del resultado final. Las autoridades electorales pidieron no difundir los conteos rápidos para evitar influir en los votantes, aunque las encuestas de boca de urna ya circulaban ampliamente y la ONPE daba a conocer gradualmente sus resultados. El proceso se desarrolla en medio de un ciclo prolongado de inestabilidad política, con 8 presidentes en una década y una fuerte desconfianza y desafección ciudadana hacia las élites, reflejada en iniciativas de castigo electoral a los partidos tradicionales. La elección también redefine el Congreso bicameral —con 130 diputados y 60 senadores—, en un escenario donde la gobernabilidad futura dependerá tanto del resultado presidencial como de la correlación de fuerzas legislativas. Hay que poner lupa igualmente en 2 variables: 1) el nivel de participación electoral; y 2) el porcentaje de votos, nulos y de votos en blanco que todo pareciera indicar serán elevados.
2. Venezuela: La oposición presiona por elecciones en medio de incertidumbre de transición
La oposición agrupada en la Plataforma Unitaria Democrática ha intentado colocar la celebración de elecciones en el centro de la agenda política, presentando una hoja de ruta orientada a la estabilización, recuperación y convocatoria a comicios, en un contexto marcado por la salida forzada de Nicolás Maduro del poder hace cien días. El plan, alineado en parte con la estrategia de Washington, carece sin embargo de plazos concretos y deja abiertas interrogantes sobre su implementación. María Corina Machado, líder opositora, insistió en la urgencia de elecciones “impecables” como vía para legitimar un nuevo gobierno y atraer inversiones, al tiempo que la coalición busca incidir en la política estadounidense, actualmente más enfocada en acuerdos económicos con el chavismo que en una pronta transición democrática.
Pese a la presión opositora, persisten dudas sobre la viabilidad y coherencia de la estrategia, en medio de una interlocución directa entre Washington y el chavismo que ha marginado parcialmente a la oposición. El portavoz Roberto Enríquez defendió que las elecciones son condición para la estabilización, aunque evitó detallar los pasos concretos del plan, descrito más como una “agenda de lucha” que como una ruta operativa. Entre las condiciones exigidas figuran la liberación de presos políticos, el retorno de exiliados, garantías de libertades civiles y la creación de un árbitro electoral independiente, además del levantamiento de inhabilitaciones. Sin embargo, la falta de señales claras de independencia institucional y la ambigüedad sobre el papel de Estados Unidos mantienen el proceso envuelto en incertidumbre, mientras el chavismo prioriza la estabilidad y el control del poder.
3. Chile: Kast enfrenta un inicio de gobierno marcado por expectativas incumplidas
A un mes de iniciado el gobierno de José Antonio Kast, la última encuesta Plaza Pública Cadem refleja un deterioro en las expectativas ciudadanas, con un 52% de los encuestados señalando que la actual administración ha sido peor de lo que esperaban, frente a un 33% que considera que ha cumplido con lo previsto y apenas un 14% que la evalúa mejor de lo anticipado. La percepción negativa es particularmente marcada entre quienes se identifican con la izquierda, mientras que entre los sectores de derecha se observa una valoración más favorable. En paralelo, la evaluación presidencial muestra estabilidad relativa: un 42% aprueba la gestión de Kast y un 53% la desaprueba, sin variaciones significativas respecto de la medición anterior, lo que sugiere un escenario de apoyo limitado pero consolidado en el corto plazo.
El sondeo también evidencia un cambio relevante en las prioridades ciudadanas, con la economía y el empleo posicionándose como la principal preocupación (65%), desplazando a la seguridad, que había dominado la agenda en los últimos años y ahora cae al segundo lugar (56%). Otros temas como inmigración, salud y vivienda pierden peso relativo en la percepción pública. En cuanto a la evaluación por áreas de gestión, los mejores resultados se observan en política internacional, defensa e inmigración, mientras que los mayores niveles de desaprobación se concentran en delincuencia, economía, medioambiente, educación y comunicaciones del gobierno. En conjunto, los datos reflejan un inicio de mandato tensionado, donde las expectativas incumplidas y las preocupaciones económicas comienzan a configurar el clima político de los primeros meses de la administración Kast.
4. Argentina: Milei atrapado en cinco crisis que erosionan su capital político
El gobierno del presidente Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más complejos en la segunda mitad de su mandato, atrapado en una serie de cinco conflictos que erosionan su capital político pese a la ausencia de adversarios con capacidad real de disputarle el poder. Estos problemas incluyen escándalos éticos —como el denominado “AdorniGate” y otros casos vinculados a funcionarios— que contradicen el discurso oficial, una deficiente gestión comunicacional en contextos de crisis, disputas internas persistentes en la cúpula del poder, una dinámica de aislamiento en la toma de decisiones y una economía que no logra traducir sus logros macroeconómicos en mejoras tangibles para la mayoría de la población. La combinación de estos factores ha debilitado la narrativa oficial y generado un creciente desgaste en la imagen del gobierno, reflejado en indicadores de irritación social y en encuestas recientes.
En paralelo, la interna entre figuras clave del oficialismo, junto con una estructura cerrada y poco permeable a críticas, ha dificultado la capacidad de reacción frente a los problemas. A esto se suma un contexto económico en el que, pese a expectativas de mejora, amplios sectores de la sociedad experimentan caída del consumo, deterioro de sus condiciones de vida y creciente malestar. El propio Milei ha reconocido que muchos ciudadanos no están mejor, aunque mantiene sin cambios el rumbo económico, confiando en una recuperación futura. Sin embargo, el desgaste de las expectativas —principal sostén político del gobierno— y la persistencia de tensiones internas y escándalos configuran un escenario donde las distintas “trampas” se retroalimentan, poniendo en cuestión la sostenibilidad del proyecto oficial en el mediano plazo.
5. Centroamérica : Remesas e informalidad frenan la reducción de la pobreza
Un reciente informe del Banco Mundial advierte que el progreso en la reducción de la pobreza en Centroamérica enfrenta riesgos de estancamiento debido a la desaceleración económica, la alta informalidad laboral y la fuerte dependencia de las remesas. Aunque tras la pandemia se registraron mejoras, el crecimiento actual —entre 3% y 5%— resulta insuficiente para sostener avances sociales, especialmente en países como El Salvador, Guatemala y Honduras. La pobreza afecta entre el 25% y el 40% de la población en el norte de la región, con mayor impacto en zonas rurales e indígenas, donde el acceso a educación, salud y servicios básicos sigue siendo limitado. El informe destaca que cerca del 83% de las personas en situación de pobreza trabaja en la informalidad y un 60% tiene bajo nivel educativo, lo que perpetúa un círculo de exclusión estructural.
El Banco Mundial subraya que el crecimiento económico por sí solo no garantiza movilidad social, y propone un enfoque integral que combine políticas productivas, educativas y fiscales. Entre las recomendaciones se incluyen fomentar la formalización del empleo, mejorar la calidad educativa, ampliar la protección social y fortalecer la recaudación fiscal para generar ingresos sostenibles. También advierte sobre la vulnerabilidad que implica la dependencia de remesas frente a cambios en el contexto global. En contraste, destaca el caso de Costa Rica como ejemplo de mejores resultados gracias a la inversión en capital humano y sistemas de protección social más robustos. En conjunto, el informe concluye que romper el ciclo de pobreza en la región requiere reformas estructurales que ataquen simultáneamente la informalidad, la baja productividad y la exclusión social persistente.
Tablero global
1. Hungría: Giro estratégico tras la victoria de Péter Magyar
El líder conservador Péter Magyar, vencedor de las elecciones legislativas, anunció un giro estratégico en la política exterior del país, comprometiéndose a restablecer plenamente la integración de Hungría con la Unión Europea y la OTAN tras 16 años de gobierno de Viktor Orbán. Con una mayoría absoluta en el Parlamento, su partido Tisza capitalizó el respaldo ciudadano a una agenda proeuropea, en contraste con el distanciamiento de Bruselas y el acercamiento a Moscú que marcó la etapa anterior. Magyar subrayó que “Hungría volverá a ser un fuerte aliado” del bloque occidental y adelantó que su primera gira incluirá Varsovia, Viena y Bruselas, con el objetivo de recomponer relaciones, fortalecer alianzas regionales y destrabar los fondos europeos congelados.
En el plano interno, el nuevo gobierno promete restaurar la independencia institucional y revertir la concentración de poder consolidada durante la era Orbán, incluyendo reformas para reequilibrar los poderes del Estado y exigir responsabilidades por presuntos casos de corrupción. Su victoria, celebrada por líderes europeos, abre la puerta a una nueva etapa de cooperación con la UE y la OTAN, así como a una mayor alineación con las posiciones occidentales, especialmente en temas de seguridad y apoyo a Ucrania.
2. Estados Unidos – Irán: Bloqueo en Ormuz y tensión político-religiosa elevan la presión global
La decisión del presidente Donald Trump de imponer un bloqueo a los puertos iraníes y restringir el tránsito en el estrecho de Ormuz marca una escalada significativa en el conflicto con Irán, tras el fracaso de las negociaciones en Pakistán. El Mando Central estadounidense (CENTCOM) confirmó que la medida impedirá la entrada y salida de buques hacia puertos iraníes, afectando directamente las exportaciones de petróleo —principal fuente de ingresos de Teherán—, con pérdidas estimadas de hasta más de 100 millones de dólares diarios. Washington busca asfixiar financieramente al régimen iraní para forzarlo a negociar el desmantelamiento de su programa nuclear y otras concesiones estratégicas, incluyendo la intercepción de embarcaciones que paguen tasas a Irán, consideradas como prácticas de extorsión. El impacto del bloqueo trasciende a Irán y proyecta efectos globales, especialmente en los mercados energéticos, al afectar el suministro hacia Asia —con China, India, Japón y Corea del Sur como principales destinos del crudo iraní— y elevar el riesgo de disrupciones en una ruta por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. La operación se desarrolla en un entorno de alta tensión militar, dado el control iraní del estrecho y su capacidad defensiva, lo que limita un bloqueo total y eleva el riesgo de confrontación directa. Aunque Trump mantiene abierta la puerta a nuevas negociaciones, Teherán ya ha rechazado la presión y anticipa resistencia, mientras Estados Unidos refuerza su presencia militar y busca apoyo internacional, en un escenario que combina presión económica, riesgos geopolíticos y potenciales consecuencias para la estabilidad energética global.
En paralelo, el conflicto escaló al plano político y religioso tras un duro intercambio entre Trump y el papa León XIV: el mandatario criticó al Pontífice por su oposición a la estrategia militar y su postura frente al programa nuclear iraní, mientras que el líder de la Iglesia reafirmó la obligación moral de oponerse a la guerra y promover el diálogo, insistiendo en la necesidad de construir puentes de paz y recurrir a instancias multilaterales.
3. Reino Unido: Starmer se distancia del bloqueo y prioriza estabilidad energética
El primer ministro Keir Starmer anunció que el Reino Unido no respaldará el bloqueo del estrecho de Ormuz impulsado por el presidente Trump, y reafirmó que la prioridad de Londres es mantener abierta esta vía estratégica para el comercio energético global. Starmer advirtió que el cierre del estrecho —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— tendría consecuencias económicas directas, elevando los precios del petróleo y el gas y encareciendo las facturas energéticas para los ciudadanos. En este contexto, el gobierno británico ha centrado sus esfuerzos diplomáticos en coordinar con otros países una estrategia orientada a garantizar la libre navegación, en contraste con la decisión estadounidense de endurecer la presión sobre Irán tras el fracaso de las negociaciones.
La postura británica se alinea con una respuesta europea más cautelosa frente a la escalada del conflicto, en la que también participa Francia, que junto al Reino Unido impulsa una iniciativa multinacional para restablecer la seguridad marítima sin involucrarse directamente en el bloqueo. Esta propuesta contempla una misión de carácter defensivo y la convocatoria de una conferencia internacional para coordinar esfuerzos. Mientras tanto, el estrecho permanece parcialmente bloqueado en medio de tensiones crecientes entre Estados Unidos, Israel e Irán, lo que mantiene la incertidumbre sobre la estabilidad energética global y el riesgo de una mayor escalada en una de las zonas más sensibles del comercio internacional.